DOREMIFAGOL (El fútbol, el deporte más hermoso del mundo y de sus alrededores)


Mayne-Nicholls a la cancha
30 mayo , 2010, 7:11 pm
Filed under: Fútbol Chileno, Mundial FIFA Sudáfrica 2010, Negocio Fútbol

Son muchos meses los que llevo sin publicar nada. No me he apartado del fútbol, todo lo contrario, la mayor parte de mi tiempo está dedicada a esta industria. Ahora desde otra vereda, la dirigencial.

Como Subdirector Deportivo de Audax Italiano, me siento mucho más comprometido con el crecimiento de la industria que es el tema que más he tocado en este blog.

En esta ocasión, vuelvo a citar a un medio que entrevista al presidente de la ANFP; es que me parece muy importante que el tema fútbol sea tratado en medios no deportivos con una mirada mucho más amplia. En este caso tomo  la revista Poder y Negocios de mayo de 2010:

Mayne-Nicholls a la cancha

POR: IGNACIO OSSA Y MATÍAS MARAMBIO H. / FOTOS: GONZALO ROMERO

El presidente de la ANFP está en la posición que cualquier dirigente mundial se quisiera. Con una selección que brilló en las eliminatorias y que enfrenta el mundial como uno de los equipos favoritos a ser sorpresa. Además, saneó las finanzas del organismo y cerró los contratos publicitarios para después de Sudáfrica 2010. Pero de todos sus logros, él se queda con el mundial femenino y la construcción de los estadios. Es el estilo Mayne-Nicholls, el mismo que quiere seguir en el sillón de Quilín para posicionar definitivamente al fútbol en el sitial que él cree se merece.

El 9 de julio de 2006, Harold Mayne-Nicholls estaba sentado en el Estadio Olímpico de Berlín presenciando la final del Mundial de Alemania entre Italia y Francia. En ese entonces, su candidatura al sillón de la ANFP recién estaba tomando forma. “Si sales presidente, no vayas a guatear”, le advirtió uno de sus hijos en la mitad del partido.
Hoy, el presidente de la ANFP recuerda ese momento en que dimensionó por primera vez la responsabilidad que implicaba dirigir el futuro del fútbol chileno, a semanas de que la selección debute en Sudáfrica. “A pesar de eso, nunca pasó por mi cabeza la posibilidad que algo pudiera salir mal. Obviamente habían probabilidades de que algo no resultara o que no clasificáramos al mundial, pero nunca me lo planteé, jamás tuvimos un plan alternativo. No lo planteamos en su minuto y hoy tampoco”, dice con la convicción de haber sido el responsable de levantar la alicaída imagen del fútbol chileno luego de años marcados por los malos resultados, la poca rigurosidad y la indisciplina.

–Al momento de asumir, ¿cuáles eran los puntos más significativos e importantes de su programa?
–El modelo de la excelencia. Aquí apuntamos a hacer las cosas no bien, sino muy bien. Hay veces que no hemos sido capaces de hacerlo, pero siempre apuntamos a lo más alto, invertimos mucho tiempo, energía y recursos en eso. Ahora tenemos que elaborar un nuevo proyecto para postular a la reelección.

–¿Cuánto han cambiado las prioridades entre el proyecto presentado en 2006 y el de 2010?
–Son momentos distintos. Si vamos a mediados de 2006 y lo comparamos con el actual, afortunadamente es para bien. Ahora los desafíos son mayores. Si antes era posicionar el fútbol en el lugar que creemos le corresponde –soy un convencido que tiene un lugar preponderante en la sociedad–, tenemos que demostrar por qué se ganó ese lugar. Eso es más difícil. Mantenerlo y dar más pasos hacia delante es complicado.

–Esa tarea se hace más fácil desde la posición y el reconocimiento que tiene hoy.
–Pero ese sentimiento es lo que se vive ahora y las elecciones son en noviembre.

–¿Entonces la reelección pasa por el resultado del mundial?
–No creo, pero es evidente que el resultado afecta. Hay un tema que no es menor: el presupuesto, que fue aprobado antes del campeonato. A medida que los países avanzan de rondas, se recibe más dinero. Es evidente que si no pasamos la primera fase, el presupuesto solamente se cumple. Pero si avanzamos, llega más plata y cambia todo lo que se puede hacer en el segundo semestre. Con más recursos podríamos hacer más. Una buena actuación valoriza a los jugadores y al fútbol. Pero si es al revés, no se desvalorizan, es una decepción, pero no creo que cambie la percepción de votos de los presidentes de los clubes. El mundial es un peldaño entre muchos de la escalera. Puede ser el más mediático, que más espera la gente, que más recursos genera… Pero creo que lo más importante de todo es haber hecho el mundial femenino y haber construido cuatro estadios. No hay dudas. Vamos a ir a Sudáfrica. Nos puede ir bien o mal, pero vamos a volver y en octubre vamos a estar peleando por ir a Brasil. Pero los estadios quedan. Mis nietos y los de muchos van a ir a esos estadios, van a estar ahí, mientras que la clasificación a Sudáfrica va a ser una leyenda. Hay que separar lo deportivo, de la estrategia y el futuro de la industria.

–¿Pero el resultado obviamente que incide en las futuras relaciones comerciales de la ANFP?
–No hay mercados a futuro involucrados, ya se vendieron los derechos televisivos de las eliminatorias, estamos negociando con los sponsors, tema que quedará cerrado antes del mundial. Todos sabemos que las eliminatorias causan un revuelo tan grande que todos quieren estar y por eso lo vamos a cerrar antes. Si se apuesta al resultado del mundial, todos se olvidan de lo que se genera en los años de clasificatorias.

“Soy muy frío”

–Entre el deporte y los negocios hay diferencias de códigos. El fútbol es mucha pasión y debe lidiar con los sentimientos de la gente, mientras que en las empresas eso no es tema prioritario.
–Hay que ir a la génesis del fútbol, que parte como un encuentro social. En 1850 la gente ya se juntaba a jugar fútbol. Ese encuentro desarrolla emociones y valores como la solidaridad, el trabajo en equipo, el fair play y el respeto a las reglas. Esas emociones se transforman en pasiones y yo soy un convencido de que eso necesitan todas las empresas del mundo. Los bancos, las mineras y las industrias en general necesitan personas con pasión. Si encaran el trabajo porque a fin de mes reciben un cheque con su salario, justo y merecido, no es lo mismo que hacerlo con la satisfacción de hacer bien las cosas. El fútbol encarna eso y, aparte de gustarle a muchos de los que trabajan en las empresas, es un vehículo para demostrar que las cosas se pueden hacer, no sólo por el deber. Sin pasión es difícil conseguir logros importantes.

–Pero a un tema tan pasional como el fútbol, también hay que meterle cabeza, que es lo que ha hecho su administración.
–Nosotros dividimos el trabajo entre la parte deportiva, donde están las emociones, y la visión estratégica que se tiene de la industria. Cuando se mezclan queda la escoba. Si combino la pasión con la visión estratégica, cuando por ejemplo un árbitro se equivoca, sufre esa visión. Si hubiera reclamado en el entretiempo la expulsión de Mauricio Isla contra Uruguay y armo un escándalo, todo el esfuerzo por posicionar esto como un ejemplo a los niños, de crecimiento, solidaridad, de respeto al juego y la autoridad se va a las pailas. La gente pensaría que esto funciona mientras me conviene.

–¿Le cuesta controlar eso?
–Gracias a Dios lo sé controlar. Soy muy frío. Quizás a la gente le gustaría que fuera distinto, pero así soy. Cuando empatamos contra Venezuela, entré al camarín muy tranquilo, en circunstancias que adentro estaban bastante ofuscados. Se creía que habíamos perdido la oportunidad de clasificar, porque quedaban tres partidos duros. Yo les dije que con el punto ganado estábamos clasificados. Todos me miraban como si estuviera enfermo de la cabeza. Pero sabíamos que el resto de los equipos había dejado puntos. Luego fuimos a Brasil y perdimos 4-2, lo que sumado al empate, acentuó el pesimismo. Nos creían eliminados y cuando me entrevistaron yo dije que estábamos listos, con lo que “La Cuarta” tituló: “Harold es japonés”, porque mientras todos estaban deprimidos y preocupados, yo estaba tranquilo. Cuando clasificamos, yo no di la vuelta olímpica. El tema del fútbol no me hierve la sangre tan rápido.

–Pero debe haber habido algún momento donde se emocionó durante la clasificatoria.
–Cuando clasificamos en Colombia, salí a hablar por teléfono con mi familia y había unos 5 mil hinchas afuera. Ahí los aplaudí y los saludé, porque sé lo difícil que es llegar hasta Medellín para ver a la selección. Pero me emociono con otras cosas del fútbol. Por ejemplo, todos los 1 de mayo hacemos una fiesta del fútbol femenino y vienen más de mil niñas a jugar. El año pasado vino una niña que jugaba al arco y no tenía manos. Eso me golpeó. También recuerdo cuando fuimos a Isla de Pascua, y cuando terminó el acto se me acercó el jefe de las tribus de la Isla y me regaló un tótem, que se lo pasan entre los jefes. Pero él me dijo que nunca los habían tratado así, por lo que me lo entregaba. Esas cosas me golpean, lo que pasa en la cancha no. Cuando perdemos, me da rabia; cuando ganamos me alegro, pero no me desequilibra.

–¿Siente mucha responsabilidad saber que la selección y el fútbol son generadores de la alegría de los chilenos, sobre todo en momentos como los actuales?
–Es una responsabilidad que ha ido creciendo. Cuando llegué, todos me decían que cómo me metía en esta locura. Cómo había sacrificado mi carrera internacional en la FIFA por venirme a esta rotería. En esos términos. Pero uno tiene que se agradecido. El fútbol chileno me dio una oportunidad y sentí que debía devolverle la mano ahora que tengo energía. Ahora no podemos retroceder y la responsabilidad se hace mayor. Avanzar pasos cuánticos no es tan difícil, pero cada paso que viene después es complicado. Cuesta mucho. Eso es lo que viene en el próximo período. Por suerte, llegamos bien parados, hemos transparentado las cifras, sabemos lo que hay y la máquina camina. Vamos a tratar de sacarle más velocidad, porque cuando llegamos estaba con todos los frenos puestos. Mover eso costó todo el primer año.

El factor Bielsa

–Una de las grandes apuestas de su gestión fue la contratación de Marcelo Bielsa. Pero más allá del golpe de efecto y la idea futbolística que significaba su llegada, ¿en qué pensaba cuando lo contrató?
–Hay una palabra que me carga. Yo no aposté por Marcelo. Cuado voy al casino, apuesto. Nadie sabe qué número va a salir en la ruleta o que carta viene en el 21. Esas son apuestas, pero cuando vas a buscar a una persona con las características de Marcelo no apuestas. Si crees que es un apuesta, es porque eres un ignorante. Otro hubiese sido una apuesta, no Bielsa. Sabía a lo que iba. Puede que diera o no resultados deportivos, porque hay un riesgo en cada partido. Pero el resto era seguro. Nosotros lo fuimos a buscar por varias razones. La calle quería que los jugadores tuvieran disciplina, no aceptaba que fueran malos ejemplos para los niños. También quería rigor en el trabajo, que las cosas se hicieran bien. Y por último quería jugadores más humildes. Y como eso quería la gente, fuimos a buscar a Marcelo y le pedimos eso. Y si clasificábamos, sería consecuencia de un trabajo serio y no de una campaña sin contenido. No queríamos clasificar porque pegó la pelota en el palo y picó adentro. Eso no nos iba a dejar nada a futuro.

–Pero era un proyecto caro, que muchos dudaron que se podía sustentar en el tiempo.
–Muchos decían que lo de Bielsa era caro, obviamente no era barato, pero la alegría de la gente después de ganarle a Argentina no se puede cuantificar. Eso es lo que vale. No importa el cheque que se le haga a una persona por hacer bien su trabajo. Todo el proyecto de Marcelo va a costar alrededor de 8 millones de dólares, entre sueldos, viajes, remodelaciones en Pinto Durán, los partidos, premios… todo el paquete. Si tenemos 16 millones de habitantes y luego de ganarle a Argentina, le pedimos a cada chileno que deposite 50 centavos de dólar en una cuenta para financiar al proyecto de la selección, te aseguro que junto el doble de plata. Si es caro o barato no me lo planteé. Quizás porque mi formación es humanista y lo valoro en el sentido social. Ojalá los balances siempre sean en azul, pero en esta actividad no siempre se refieren a si ganaste o no.

–Esa forma de hacer las cosas debiera seguir, con Bielsa o sin él, estando o no la ANFP bajo su dirección.
–Esto es un cambio cultural y no se produce de la noche a la mañana, ni por decreto.

–¿Pero lo realizado hasta ahora lo considera un buen inicio?
–Creemos que sí. Porque se lograron los objetivos y además clasificamos. Pero también se logró con el cariño de la gente. Me puedo equivocar, pero pienso que hoy no hay nada más importante que la selección. Y hace cuatro años no era así. Ahora está donde le corresponde, debido a los factores que nombré, que trajeron consigo resultados deportivos. Si sólo hubiésemos conseguido resultados deportivos, la gente también estaría contenta, pero no sería lo más importante.

–¿Cuánto cambia el futuro sin Bielsa?
–El futuro con Bielsa facilita. Ya conoce la idiosincrasia nuestra, el país, nos conoce a nosotros, las realidades de nuestros futbolistas. Si se queda, nos facilita el trabajo. Tenemos interés que se quede y ojalá él también lo tenga, pero siempre dijo que después del mundial lo íbamos a ver. Si decide otras expectativas para él, tendremos que salir a buscar a alguien que nos dé las mismas garantías de cumplir con los objetivos de contenido que nos interesa que tenga la selección, y después buscar los resultados. Obvio que hay un riesgo.

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